MARÍA MAGDALENA, PRIMER TESTIGO
-¡Abrid! ¡Abrid la puerta, somos nosotras! En el interior de la casa sonaron fuertes los golpes y las voces que se escuchaban desde la calle. Santiago acudió de inmediato, abrió con la llave y, al tiempo que las dos mujeres entraban, les recriminó: -Os dijimos que usarais la puerta de atrás para entrar y salir de casa. Hay soldados por todas partes. La de mayor edad y más tranquila, respondió: -No hay un alma por las calles. Todos están celebrando la Pascua en sus casas o han ido al Templo a llevar ofrendas. Y no se ve ningún soldado. María se se...