SOLO
La celebración de la Semana Santa me ha proporcionado, desde niño, la ocasión de contemplar desfiles procesionales inolvidables. En ellos, imágenes bellísimas, conmovedoras, algunas con mantos y túnicas deslumbrantes. De todas ellas, quiero destacar la que me sigue impresionando desde que la veía pasar tan cerca del balcón de mi casa que casi podía tocar su cara con mi mano infantil: la imagen de Jesús Rescatado de Villanueva de los Infantes. Se trata de una talla en riquísima madera, escultura completa desde la cabeza a los pies, de autor desconocido, cuya elaboración es el siglo XVI. Fue trasladada en 1604 al convento de la Trinidad de la localidad manchega y desde entonces se ha venerado con intensa emoción por los ciudadanos infanteños. Solo durante la guerra (in)civil, unos desaprensivos lo tiraron desde lo más alto de la iglesia hasta la plaza. Cayó de pie sin daño alguno y un alma piadosa lo escondió en el hueco de una escalera, tapiándolo inmediatamente. Ignoro si el sobrenombre de EL RESCATADO le viene por la Orden Trinitaria, que se dedicaba al rescate de esclavos o por ese rescate más reciente.
Durante la Cuaresma, especialmente los viernes, muchos infanteños se acercan al templo para besar el pie y orar ante la imagen.
Jesús Rescatado desfila la tarde y noche del Jueves Santo, precedido por varios pasos más, y seguido por la Virgen de la Vera Cruz, otra preciosa imagen copia de Salzillo. Además de los nazarenos de la cofradía, numerosos fieles acompañan con velas (sobre todo detrás del paso), por devoción o por gratitud de algún favor obtenido. Y el pesado trono lo transportan varones cofrades voluntarios (el de la Virgen es llevado por mujeres).
Ahora paso a
referirme a la estética de exaltación que adorna a este Jesús Rescatado: viste
una larga túnica, con cola, bordada en oro con el escapulario de la Orden
trinitaria sobre el pecho, cabellera larga (de peluca natural) y corona de
espinas de oro. El resto, floreros y faroles barrocos para alumbrar a la
imagen. Una estética de corte andaluz, más bien barroca y tal vez excesiva. Me
gustaría ver a este Jesús con una sencilla túnica blanca (como algunos años
desfila el madrileño Jesús de Medinaceli) y sobre un trono más austero. Pero no
me quiero entretener sobre la estética (sobre gustos no hay nada escrito) pues
la que vemos desfilar responde a la intensísima devoción y cariño que el pueblo
tiene a su Jesús Rescatado, tanta, que se le considera “el Señor de Infantes”.
Mi comentario quiere destacar lo que más me impresiona de la imagen: su mirada, su gesto. Es una mirada llena de paz, como si supiera el destino que le espera, que El ha aceptado porque es mandato del Padre. Es una mirada que denota perdón y comprensión ante los insultos, los latigazos, el maltrato que está sufriendo y la atroz muerte que le espera. Podría haber claudicado antes, en Getsemaní, pero ha aceptado el cáliz de amargura que le aguarda. Y a su vez, es una mirada triste, de desamparo y soledad.
Jesús Rescatado mira hacia adentro, como ausente de las saetas y las músicas que suenan, como si las luces no iluminaran su destino, como si no encontrara en su corazón las claves de tanto abandono. Ni siquiera el Padre ha vuelto para decirle nada ni para mitigar el sufrimiento. Por eso, la mirada de la imagen es de una paz infinita, la de quien acepta y cumple su misión, sirviendo no solo como testimonio sino como ejemplo de superación.
En definitiva, es la mirada de
un soberano que contempla desde hace veinte siglos, cómo el Padre le ha dado un
nombre sobre todo nombre, “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla
de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda
lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Carta de San Pablo a los
Filipenses, 2,10). Pero cada año, en Jueves Santo, el soberano sigue estando solo.






José María, es preciosa tu publicación y como todo lo que nos das a conocer muy interesante pero lo que más me gusta es tu forma de narrarlo, siempre con una claridad luminosa, comprensible y sincera. Eres un escritor excelente.
ResponderEliminarGracias por darme el placer de tu amistad.