EL CAUTIVO CERVANTES, DE AMENÁBAR

Acudí a ver El cautivo, de Alejandro Amenábar, sin prejuicios, dispuesto a contemplar eso mismo: una película, no un documental biográfico sobre Cervantes, con la misma actitud que otras de este director sobre figuras históricas: Ágora (2009), cuyo protagonista es Hipatia de Alejandría, y Mientras dure la guerra (2019), con Miguel de Unamuno, vertebrador de la obra.

                                                     


   Para este nuevo título, Alejandro Amenábar, se inspira en el cautiverio que Miguel de Cervantes sufrió en Argel. La película está bien construida en su argumento y sus diálogos, bien dirigida, bien interpretada y magníficamente ambientada en exteriores, interiores, vestuario, mobiliario, música, etc., que funciona perfectamente como película de aventuras. Del numeroso reparto, cabe destacar a Julio Peña como un convincente Cervantes y un Alessandro Borghi, en su papel de seductor bajá o gobernador de Argel. No obstante, algunos críticos y estudiosos de la obra cervantina han puesto serias reservas al hecho de que Amenábar dé por cierta y explícita una relación homosexual entre el bajá de Argel y nuestro escritor más famoso.

                                               


   Tras la batalla de Lepanto (1571), Cervantes participaría en otras expediciones mediterráneas, tres años más. Durante su regreso a España desde Nápoles, casi rozando ya las costas catalanas, una flotilla turca abordó el navío Sol, en que viajaba, y capturó a todos, entre ellos, a Miguel y su hermano Rodrigo. Fueron hechos prisioneros y conducidos a la ciudad de Argel.  Durante esos cinco años, Miguel intentó escapar en cuatro ocasiones que fueron frustradas por delatores y tuvieron como consecuencias diversos castigos físicos, pero dentro de seguir siendo considerado preso de cierto rango y precio. El hecho de haberle encontrado cartas elogiosas de don Juan de Austria y del duque de Sessa hicieron pensar al gobernador que Cervantes valía los 500 escudos que el turco solicitaba por su rescate. De hecho, el bajá Hassan (un renegado de origen veneciano), pensaba llevarlo a Constantinopla consigo al dejar su cargo. En el último momento, Cervantes fue rescatado por los frailes trinitarios. Una peripecia que queda reflejada, en gran parte, en esta aproximación cinematográfica.

                                                     
                                                         


   Argel era una ciudad costera muy importante y cosmopolita en aquel tiempo, que vivía en gran parte del comercio marítimo, con importantes mezquitas, y palacios, baños públicos, mercado bullicioso, fuentes, plazas, aduana…, una mezcla de razas, culturas, lenguas, costumbres. Los cautivos no eran el enemigo sino una fuente principal de su economía a través del rescate. Argel contaba con una población mayor que Roma: unos 120.000 habitantes y unos 30.000 esclavos cristianos, más de un cincuenta por ciento de ellos, convertidos al Islam. Muchos renegados cristianos lograron puestos de relieve una vez convertidos al Islam. Evitar dicha apostasía era el campo de trabajo de frailes mercedarios y trinitarios, especialmente con los cautivos más jóvenes, quienes podían sentirse atraídos por los placeres de la sociedad argelina. Era habitual que algunos berberiscos (comenzando por el propio bajá) compraran jóvenes atractivos para convertirlos en sus amantes, a los que llenaban de dinero y regalos. El propio Cervantes, en la Segunda parte del Quijote, escribe: “Turbeme, considerando el peligro que don Gregorio corría, porque entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un muchacho o mancebo hermoso que una mujer por bellísima que sea” (Cap. LXIII).


                                                   

   En un episodio de Las Efesíacas, de Jenofonte (narración bizantina que Cervantes conocía) el matrimonio cristiano de Abrocomo y Anthia, ambos jóvenes de belleza excepcional, durante un viaje por mar caen en poder de piratas fenicios, que los llevan a Tiro. Allí el jefe de los piratas, Corimbos, se enamora apasionadamente de Abrocomo, amor homosexual nada infrecuente en la literatura griega, y otro pirata, Euxinos, se enamora de Anthia. Corimbos busca a esta para que interceda en su amor por el marido de ella y Euxinos logra que Abrocomo acepte el cargo de alcahuete de su pasión por Anthia. Curiosas tercerías amorosas.


                                            


   Existen bastantes obras antiguas que describen y relatan las características geográficas, políticas, administrativas, étnicas de aquel Argel dominado por los turcos. Y, naturalmente, sobre sus costumbres. Entre esas obras destaca la Topografía e historia general de Argel (1612), atribuida a Fray Diego de Haedo y a Antonio de Sosa, benedictino, también cautivo y amigo de Cervantes. No faltan quienes piensan que tanta información militar y política no podía ser escrita sino por quien conociera de primera mano el mundo castrense, como sí lo era Cervantes. En todo caso, dicho libro contiene algunos testimonios sobre la permisiva y licenciosa vida de los turcos, quienes practican “la hedionda y nefanda sodomía, sirviéndose de mozos cristianos cautivos que compran para ese vicio”. Acostumbran “vestir muy galanamente a sus garzones […] Y tienen por punto de honra y contienden entre sí de quien más número tiene de garzones, más hermosos y más bien vestidos […] que es la cosa más notable y digna de llorar, (que tal cosa se use entre los hombres y con tanta desvergüenza y tan pública) de cuantas en el mundo pueden ser ni imaginarse”.  Como se ve, una tajante condena de la moralidad turca, aunque el libro es un testimonio valioso del extendido uso allí. Y concluye: “finalmente por más santos que se fingen [los morabutos] son de ordinario grandísimos sodomitas, y se precian dello, y el pecado bestial lo cometen en mitad del zoco y calle principal, a los ojos de toda la ciudad, y es tan grande la ceguera de moros y turcos, que esto alaban y tienen por bueno […]”. Por su parte, alguna anécdota incluye Cervantes en Los tratos de Argel y en Los baños, aunque tamizado todo por sus públicas confesiones de fe católica, como no podía ser de otra manera. Las mismas costumbres son referidas en El Viaje de Turquía, de Cristóbal Villalón. En cuanto a España, bástenos citar las obras de Pedro Herrera Puga (Sociedad y delincuencia en el Siglo de Oro) y de José Deleito y Piñuela (La mala vida en la España de Felipe IV).




   En Cervantes, el cautiverio es una constante que se manifiesta no solo en Los tratos, Los baños, La Gran Sultana, El amante liberal y El Capitán cautivo del Quijote, sino en La española inglesa, el Persiles, El gallardo español y otras obras, si nos atenemos a las piezas que han llegado a nosotros. En narrativa, su novelita de El cautivo, interpolada en la primera parte del Quijote, es la primera novela moderna sobre el tema del cautiverio. Por tanto, poseyó cumplida información sobre el tema.

   El curioso impertinente, novela corta interpolada en la primera parte del Quijote,  “es una de las creaciones más ambiguas e insondables de su ambiguo e insondable autor”, en palabras certeras de Francisco Ayala, en su ensayo “Los dos amigos”, contenido en el libro Cervantes y Quevedo. El deseo de Anselmo para que su íntimo amigo Lotario seduzca a su propia esposa Camila va mucho más allá del tópico literario tan frecuente de probar la honradez de la mujer casada. Cervantes deja que el lector saque sus conclusiones de a cuál de los dos el atormentado Anselmo quiere ver como amante, si a su esposa Camila (cuya intimidad conoce de sobra) o a su íntimo amigo Lotario (cuya intimidad desea conocer). Esta narración, en manos de un novelista o de un director de escena actuales, daría mucho juego.




   Las acusaciones más o menos veladas sobre actos con el propio sexo se pueden rastrear dirigidas contra Góngora, contra su amigo el noble y poeta Conde de Villamediana (asesinado a manos de unos sicarios en plena calle Mayor, tal vez por esos asuntos), el duque de Sessa, tan amigo de Lope de Vega, etc., etc. La homosexualidad, en aquellos tiempos, no solo era un pecado (nefando se le llamó), sino un delito civil, que podía acabar en los tribunales de la Inquisición. Muy probablemente, William Shakespeare (o quien quiera que escribiese sus obras, pero esto es harina de otro costal), fue bisexual y otro gran dramaturgo inglés, Christopher Marlowe, fue posiblemente asesinado por ateo y homosexual.

                                                   


   Es importante subrayar que Miguel de Cervantes fue extraordinariamente discreto sobre su vida personal e íntima, al contrario que otros escritores de su tiempo, como Lope de Vega, por ejemplo. Solo se vanaglorió, en diversas ocasiones, de su participación valiente en la batalla de Lepanto, "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros", según declaró en el prólogo a la Segunda parte del Quijote. La cercanía y protección de Hassan Pachá (que no lo castigó con la pena de muerte como era lo habitual), la constatación de la dualidad sexual en su entorno, le harían revisar bastantes de sus principios. Añádase a ello todo ese misterio y dualismo que arrastran la vida y la obra del autor: el enigma no resuelto de haber combatido en un duelo, lo cual motiva su fuga a Italia. El cambio de su apellido materno, Cortinas, por el de Saavedra. El nacimiento de una supuesta hija Isabel, fruto de amores con Ana Villafranca, mujer casada, ¿o era hija de una hermana de Cervantes y la adoptó para ocultar la vergüenza?). Su matrimonio en Esquivias con Catalina de Salazar, unión que duró dos años hasta que él se fue a Andalucía, sin dejar descendencia legítima. Sus líos como recaudador de impuestos, acabando en prisión, etc. Una vida trepidante con misterios sin resolver o aclarar.

   En la literatura cervantina conocemos a muchos personajes femeninos de toda índole. Pero nunca nos será presentada, en carne y hueso, la mujer que justifica toda la aventura de don Quijote: Dulcinea.

                                                



   Allá por 1986 leí un librito titulado Escuchar a Cervantes, de la catedrática hispanista y crítica literaria italiana Rosa Rossi (con quien llegué a tener alguna correspondencia). Si para bastantes estudiosos son ciertas las experiencias homosexuales de Cervantes, Rossi aclara que “se trata de decir que en la vida de Miguel de Cervantes entró poderosamente una fantasía de homosexualidad, sin que se pretenda distinguir el nivel fantástico del físico y sin afirmar que hubo o no hubo una experiencia física”.

   Vivimos tiempos donde todo tipo de “diversidad” recibe atención. Si hay alguien diverso, resbaladizo, irónico, es el propio Cervantes. Le tocó vivir un tiempo de hegemonías políticas, religiosas, económicas, sociales y sexuales. Él se esconde tras sus personajes novelescos y teatrales, ofreciendo casi siempre una visión oblicua de la realidad (como en el famoso soneto al túmulo de Felipe II). Se hace invisible como invisibles son las figuras de su Retablo de las maravillas. 

                                                


Comentarios

  1. Excelente. Múltiple y sugerente, como el propio Cervantes.

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  2. Magnífica publicación, como no podía ser de otra manera, Maestro.

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  3. Magnífico texto. Lo que sabes!! y lo que seguro que se te ha olvidado ya. Fuera de bromas. Un gran texto. La película me gustó y me encantó la interpretación de Miguel Rellán que está fantástico.

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  4. Y así, amigo Josemaría, se marca la diferencia entre escribir de oídas o hacerlo con una cultura y un saber que luces con una humildad que te hace único. Gracias por tan magnífico análisis. ¿Qué opinas de los guiños al Quijote y a otras obras de Cervantes? Es algo que me ha gustado bastante.

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    1. Me han gustado esos "guiños". La película también me ha gustado.

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  5. Asombroso texto amigo. Sigo sin comprender como te cabe tanta erudición en la cabeza,

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